El emperador geoeconómico Xi Jinping tiene 15 años de adelanto.

Aunque la prensa occidental se burló del ceremonial alrededor del Congreso del Partido Comunista de China, Alfredo Jalife toma muy en serio los anuncios del presidente Xi. Lejos de compararlo a un emperador, Jalife lo ve como uno de los altos funcionarios que han sabido construir la China milenaria. El analista mexicano observa que el proyecto de la nueva ruta de la seda sigue adelante y resalta la voluntad china de asociar inversionistas occidentales a ese proyecto a través de una suscripción en dólares. También subraya la reforma de la estructura de mando de las fuerzas armadas de la República Popular China, destinada a favorecer el desarrollo del Ejército Popular de Liberación.


A unos días del inicio de su trascendental gira asiática, Donald Trump felicitó en términos ditirámbicos la asunción de Xi Jinping —entronizado supremo líder para un segundo quinquenio en el 19º Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh)—, a quien aduló llamándolo «rey».

La nesciencia de Trump es legendaria, ya que en la tradición milenaria china de más de 6.000 años la figura de rey no existe, ya que China ha sido gobernada por mandarines y emperadores. Según The Washington Post, Trump alabó a Xi como «probablemente el mandatario más poderoso» que China ha tenido en un siglo. ¿Más que Mao Zedong y Deng Xiaoping? Not yet…

Xi Jinping, a quien bauticé como mandarín, es hoy el «emperador geoeconómico», ya que lleva las riendas del país con el mayor producto interno bruto (PIB), en términos de paridad de compra, de todo el planeta, en el ranking del World Factbook de la CIA. Se proyecta que, en términos de PIB nominal, China desbancará alrededor de 2020 tanto a la Unión Europea como a Estados Unidos, respectivamente del primer y segundo sitiales. China ostenta hoy las mayores reservas de divisas, con 3,1 millones de millones de dólares, frente a 774.900 millones de la Unión Europea (¡cuatro veces menos!) y 117.300 millones de Estados Unidos (¡26 veces menos!).

La revista neoliberal global The Economist —controlada por los banqueros Rothschild— se extravió en su interesada taxonomía en el lapso de una semana: pasó de calificar al emperador global Xi como «el hombre más poderoso del mundo» a catalogar a Vladimir Putin como el «nuevo zar», 100 años después de la Revolución comunista de Octubre. Para The Economist, el emperador global Xi «tiene más influencia que Donald Trump», por lo que «el mundo debe estar cauteloso», y juzga en forma negativa, por no convenir a los intereses de la pérfida Albión, que «no hay que esperar que Xi cambie a China o al mundo (sic), para mejor».

The Economist escribe que el ejército chino «palidece en comparación con el de Estados Unidos»: el problema de EE.UU., «aún el país más poderoso del mundo», es que «su líder es más débil en el interior y menos efectivo en el exterior», mientras que «Xi es el motor dominante del crecimiento global». Con la Ruta de la Seda, The Economist advierte que «China invertirá millones de millones de dólares en el exterior en líneas ferroviarias, puertos, plantas eléctricas e infraestructura».

Lo real es que los estrategas de Trump, tanto Henry Kissinger como Steve Bannon, saben que las inversiones de China en infraestructura le van a ganar la partida en Eurasia a Estados Unidos, que carece de músculo económico.

En el clásico enfoque de la «estabilidad geoestratégica trilateral» entre Estados Unidos, Rusia y China, Pekín es el más débil desde el punto de vista militar, por lo que días después de haber sido ungido con su mandarinato militar, el emperador geoeconómico Xi exhortó a «construir un ejército fuerte» en medio de la «nueva era» de un «socialismo con características chinas».

En la liturgia china, Xi fue ratificado como secretario general del Comité Central del PCCh. Pero también funge como presidente y jefe de la emblemática Comisión Militar Central: el verdadero poder detrás de su estructura jerárquica. Xi exhortó a las fuerzas armadas a prepararse a constituir «un ejército de clase mundial a mediados del siglo 21».

SCMP —rotativo de Hong Kong que pertenece a Jack Ma, líder de la célebre empresa china de ventas por Internet Alibaba— revela que Xi «sacudió el liderazgo militar de China» al crear una «comisión mas pequeña bajo su mando», como parte de la modernización acelerada de las fuerzas armadas.

Estados Unidos, con sus diversos presidentes demócratas y republicanos por igual, se ha dedicado a librar guerras en los cuatro cantones del planeta —con el fin de prosperar en forma egoísta mediante su «economía de guerra» y su omnipotente complejo militar-industrial—, mientras China promete el desarrollo a los países que lo deseen mediante su atractiva política de infraestructura, que se subsume tanto con la Ruta de la Seda como con el financiamiento de créditos blandos del mirífico banco AIIB.

Anja Manuel, de The Atlantic, considera que «China reconfigura tranquilamente al mundo» mediante su «iniciativa en infraestructura», lo que resume la Ruta de la Seda (que puede llegar a manejar inversiones hasta por 8 millones de millones de dólares): «China crece rápidamente como el imperio comercial más extenso del mundo». Baste la comparación con el Plan Marshall de 800.000 millones de dólares (a valor presente) de Estados Unidos, frente a las inversiones «azorantes» de China, que ya invirtió 300.000 millones y planea invertir un millón de millones más en la próxima década, cuando China sola ha concedido a los países en vías de desarrollo más créditos que el Banco Mundial.

A unos días de la visita oficial de Trump a China, Pekín lanzó, por primera vez en una década, una emisión de bonos en dólares (¡supersic!) por 2.000 millones en la plaza de Hong Kong, un día después de que el PCCh otorgó un segundo mandato de 5 años a Xi. La cantidad es simbólica, ya que la mayor parte de la emisión de deuda china es en renminbi.

Esta espectacular medida de China, emitir bonos en dólares, tiene que ver con la Ruta de la Seda y la construcción de infraestructura con los países en vías de desarrollo que participen en su prosperidad. El viceministro de Finanzas chino, Shi Yaobin, expresó que la emisión de bonos en dólares demuestra la voluntad de apertura a las inversiones.

Según Wang Xiangwei, del SCMP, el nuevo equipo (un dream team), más pragmático, que acompaña en su liderazgo a Xi, comporta un alto significado para la economía de China, con un importante giro con enfoque a reformas orientadas al mercado (de corte «ofertista»: supply side).

Li Qiaoyi y Song Shengxia, del Global Times, aseveran que el 19º Congreso y la notable asunción de Xi apuntan a que «China opte por el crecimiento de calidad" (sic) y que la “modernización será alcanzada 15 años antes (¡supersic!) de lo programado».

El plan de desarrollo de 2020 a 2050 tendrá dos estadios, y el objetivo «no será más duplicar el PIB», sino «optar por un crecimiento de mayor calidad»: desarrollar a China como un gran «país socialista moderno», que será «moderadamente próspero en 2020». La «modernización» irá mas allá del vulgar economicismo del crecimiento del PIB e incorporará «mayor preocupación por el bienestar social, el equilibrio regional, la seguridad nacional (sic) y la cohesión política», a la «manera china».

La incertidumbre que contemplan en el horizonte versa sobre el grado de apertura a los capitales globales, que pueden desnaturalizar y desestabilizar a China.

Las promesas que el emperador geoeconómico Xi realizó y por las que será auditado histórica y políticamente es erradicar la pobreza en 2020 (¡supersic!), regresar a los cielos azules descontaminados y hacer de China un país moderno en 2035. Por sus logros lo juzgaréis.

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